Yule, la Noche de las Madres
La cabalgata de Odín en Yule o Noche de las Madres
La temporada de caza de Odín, montando el caballo gris de ocho patas llamado Sleipnir, comenzaba la víspera de Samhain (Halloween, 31 de octubre) y se terminaba con la cabalgata salvaje en el cielo nocturno de la noche más larga del año, la de Yule, fiesta del solsticio de invierno.
Para los Celtas, el año comenzaba en Samhain, pero en tiempos aún más remotos y según otras tradiciones paganas provenientes de otros países nórdicos, el año comenzaba el 25 de diciembre con una fiesta que se llamaba “fiesta o Noche de las Madres”. Sin duda, esta fiesta estaba relacionada con diversos aspectos de la gran diosa Madre, en épocas anteriores al evidente patriarcado que domina el mito de Odín.
La Noche de las Madres coincidía con una vieja celebración llamada Yule del viejo inglés jul o jol que significa “rueda” tal vez refiriéndose a la redondez del sol. Esta fiesta ha sido celebrada desde la antigüedad marcando el solsticio de invierno con numerosas manifestaciones concernientes a la abundancia. La rueda del año gira y se marca la pausa del período que termina para dar lugar a un nuevo ciclo.
En los calendarios rúnicos se marcaba la pausa de 12 días que va desde el 25 de diciembre al 6 de enero. Según la tradición, todo debía detenerse durante este período imitando la detención de las manifestaciones solares. Los viajeros interrumpían sus viajes y en algunas tradiciones se abatía un árbol, un fresno, un tejo o un pino. Se preferían para este fin los árboles de hojas peremnes que se mantenían verdes todo el invierno. Se esparcían pequeños trozos de carne bajo algunos de ellos y se vigilaban los cuervos, que eran los pájaros sagrados de Odín. Luego se abatía el árbol bajo el cual estaba el primer trozo que comido por los cuervos. Se cortaban las ramas que eran repartidas entre las gentes que los adornaban con ornamentos evocando la fertilidad y la abundancia. En el tronco se inscribían los deseos colectivos y hacia el final de la Yule se cortaba y se repartía entre la gente para ser quemado ritualmente en el hogar de cada uno.
Con el advenimiento del cristianismo esta festividad, imposible de erradicar porque está profundamente anclada en las costumbres populares, fue transformada y adecuada a la nueva creencia.
Yule y la Navidad cristiana